No sé por donde buscar. Ya no recuerdo qué lugares visitábamos para estar solos ni qué charlas teníamos. Tan sólo lo añoro, creo, porque hace ya tantos años que no estamos juntos de verdad que ya no sé si realmente el dueño y yo éramos tan distintos.
Pero hoy ha pasado. He salido a correr, como hacía antes a menudo. Me he puesto en marcha ronda arriba y cuando apenas llevaba un quilómetro me he dado cuenta que no estaba sólo.
Siempre me ha gustado correr. Correr me deja la mente en blanco. No pienso en nada, En nada.
Mi mente, mi cuerpo y mi alma van en piloto automático y actúan por reflejo instinto mientras yo dejo de ser.
Para alguien que existe pendiente de tantas cosas, con tantas peculiaridades y capaz de estar hablando con alguien y seguir tres conversaciones más a la vez, para alguien que no es capaz de controlar ni filtrar la información o la cantidad de ella que recibe, el pasar un rato ausente de sí mismo es la libertad. Es un lujo.
Se suma además que en el justo momento en que me voy de mi cuerpo para dejar paso al vacío, el dueño me viene a ver, se une a esa danza al trote y me acompaña de la mano mientras veo como mi cuerpo rechoncho trota sin vacilar.
Correr deja mi mente en blanco el tiempo suficiente para cargarme las pilas al 100%.
Lo malo es que estoy gordo y mis rodillas no están de acuerdo en que mi mente se libere de tamaño peso mientras ellas cargan con tesón con más de 100 quilos trotando una hora.
Además, ahora mismo me duelen tanto que estoy haciéndome el duro para que el ordenador no me vea llorar en plan nenaza...
Es una pena que tanta chicha me prive de ver al dueño, pero es la desdicha la que me hace estar así y me quita volver a sentirme uno sólo.
Mañana intentaré correr de nuevo, tengo ganas de ver al dueño del local.
1 comentario:
El tesón hará que puedas ver al dueño. Quizá debería acompañarte ronda arriba. Pero qué pereza sólo pensarlo...
tus rodillas también te lo agradecerán al final.
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