Lejos de buscar la belleza práctica en lo que seguro atisbó Gaudí, nos vamos a lo plano, lo angulado, lo estricto y lo realmente feo.
Pero no nos quedamos ahí. Damos un paso más y encima llenamos de rectas que delimitan lo que en su creación ya está mal hecho y la restauración de esa demente forma de construir se basa en parches peor pensados que la concepción primera.
La esfera es perfecta y seguimos andando sobre plano sin pensar en ello.
Me pregunto qué mecanismo hace que odie las rectas, las rayas en el asfalto, los parches en las aceras y las formas rotas de las losas.
Por más que lo pienso no sé porqué el resto del mundo puede ir tan tranquilo por ahí pisando cualquier cosa y yo no soy capaz de cruzar un paso peatonal pisando medios mundos. Lo mío es blanco o negro, mientras la mujer del dueño del local, que ahora es amiga mía, se ríe de mi forma de andar por la vida.
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