domingo, 25 de julio de 2010

L O V E

¿Qué tal?


Hace más de un mes que no te cuento nada. Claro, desde que decidí ser propietario estoy más preocupado por mi que por contarte cómo me va...


Pues no me va mal, pero tampoco bien. Al menos me va.


Ya no me comparo con el antiguo dueño (...mentira...) y me intento querer más.


He empezado a reformar el local. Está más limpio aunque todavía queda mucho por hacer. Pero qué quieres que te diga.., es mío.


Esta noche y pensando sólo en mi, la insomne caricia de mis excentricidades me lleva a repasar con todo lujo de detalles todos los amores que he tenido en mi vida. Han sido cuatro: la primera murió en mis brazos, la segunda fue algo fugaz que se llevó algo de mi que no volverá, la tercera me olvido al cambiarse de camiseta y con la cuarta, por suerte, pasaré el resto de la vida.


Puede que sólo cuatro amores no parezcan mucho pero, joder, es que nunca he dejado de querer a ninguno y tanto querer abotarga el alma hasta que pesa y hastía.


Hoy, sin embargo, mis pensamientos y todo lo que te quise van por ti, estés donde estés. Soy un ateo convencido (con dudas) y desearía ser creyente para saber que estás en alguno de esos maravillosos cielos que sólo los elegidos merecen.

martes, 22 de junio de 2010

De loco a loco

Esta semana he conocido a una persona, más bien a un ser, interesante. Quizá uno de los más interesantes que he conocido.

Es un tío que ha está mucho más jodido que yo (ególatra de mi, que no creía eso posible). Ha estado tantas veces allí como las que no ha querido quedarse, que han sido bastantes y alguna bastante larga, de ahí sus problemas de habla.

Esta semana he conocido a un loco que casi consigue matarse unas cuantas veces. Un loco que daba clases en Madrid a estudiantes de arte y ahora de clases de ayuda a majaras sin aspiraciones.

No obstante, no te dejes engañar por la cara fea del tío, es un visionario y lleva mucha vida encima (pese a lo paradójico que resulte que ya haya muerto alguna vez...).


Le estuve hablando de mi, le hablé del dueño y le hablé de mi condición de jefe.

Él escuchó con atención y luego me dio la única contestación que no esperaba, lo único que yo, siendo taaaan listo como soy, no había tenido en cuenta.


En resumen, me hizo una pregunta: ¿porqué quieres que vuelva el dueño?


No tengo respuesta.


Su solución es bien simple: compra tu el local por cara que sea la hipoteca y que le den por culo al dueño.


No tengo palabras.


Su argumentación es sólida y bajo sus palabras es irrefutable: llevo tanto tiempo recordando al dueño que lo he idealizado y no era más que una persona que marchó para dar paso a otra, como todo en esta vida. Es como cuando vas a un lugar maravilloso en tus recuerdos y lo encuentras decepcionante, siendo igual que entonces.


Voy a arreglar el local y voy a adecentar el sitio, sí, pero me lo voy a quedar yo y le van a dar al dueño.


Ahora sólo tengo que quererme y que gustarme.


No apto para la vida como persona

Ayer tuve visita con la doctora de la cabeza. La que da las drogas, no la que intenta leerla.

Le conté que lo he dejado todo de golpe y no le gustó.
Primero simplemente no me creyó: el síndrome de abstinencia es demasiado fuerte para cortar de raíz... Palabrería, pero tuve que convencerla que no tenía porqué mentirle. Coño, que le estaba diciendo que no quería más drogas, que no le pedía nada más fuerte!
Luego se enfadó por haberlo dejado. Eso no se hace así. Claro, ella es doctora. Psiquiatra. Ha estudiado un montón de años y otro montón ejerciendo.
Y finalmente repaso a mi historial y advertencias (aunque yo las llamaría pseudoamenazas) de que no atendería recaídas... Me explicaba los efectos adversos de dejar de drogarme al tiempo que yo terminaba sus frases y retórica e intentaba convencerme de manera fútil y grandilocuente mi mayúsculo error.

Vale, lo pillo. Se trata de una profesional, seguramente vocacional, con mucha experiencia y que sabe y ha visto mucho, mucha gente como yo, pero, siendo así, ¿no merezco la opción de errar?

Por más que intenté explicarle que sólo quiero ser persona, o sólo ser, la tía cabezona no atendía a razones. Coño, por lo menos que intente convencerme!

Nada. Al final, lo dicho, un repaso a mi historial y dos apuntes que la hirieron: mis enfermedades no me incapacitan mentalmente para tomar cualquier tipo de decisión y un rotundo SOY MÁS LISTO QUE TÚ (con sorna haciendo referencia a un número).

Ahora, en mi historial médico, la última frase es graciosa (parafraseo):
"... el paciente hace caso omiso de su psiquiatra y se niega al consumo de la medicación para las patologías crónicas que sufre..." Como el que hace firmar un papel para eximir de la responsabilidad de un accidente laboral.




miércoles, 16 de junio de 2010

Soy la mirada confiada del que deja pasar a cualquiera en casa.

Soy el libro viejo aprendido, el que nunca encuentras.

Soy el principio de mi, un ocho de lado.

Soy el que nunca besa, por la vergüenza de la ofensa.

Soy dos ojos tristes azules, soy un corazón gigante.

Soy el hombre de fresa con nata, vainilla y menta.

Soy ese en el que confías del todo, hasta tu vida, porque sabes que en el fondo todas me valen más que la mía, que no me quiero, no tanto como debiera.

Soy el borde, el estúpido, el irreverente, el que se enemista por sincero.

Soy ese que confunde, ese que nunca habla en serio pero coño, como las clava entre broma y broma.

Soy aquel que tiene sólo dos amigos.

Soy dos amigos que matarían por mi, así los quiero.

Soy mi hija, soy mi hijo, soy mi otro hijo y soy mi mujer.

Soy mi familia, mi madre y mi padre, mi hermana, mi rubia y mi morena que hace las veces de hermana recién nacida.

Soy, ya te lo dije hace tiempo, el que le gusta estar solo pero que solo no vale nada.


Soy el jefe buscando dejarlo.

Soy un desesperado de esta mala vida.

Soy un jodido tarado consciente, enfermo, médico, tonto, listo y paciente.


Soy el que busca en una caja vacía porque sé que está ahí esperando a que pueda verlo.


Sólo soy.

Punto y aparte

Una de las muchas cosas que tenemos en común el dueño y yo es la aversión, pánico, fobia.., a las agujas. Exactamente a las agujas de las jeringuillas.

Yo me he desmayado en la cola para una analítica y el dueño me contó que una vez quiso donar sangre y el enfermero del autobús estuvo apunto de llevárselo a urgencias de lo malo que se puso... Hombres fuertes y rudos, nosotros los gañanes...


Con las drogas, las que recetan los de la bata, pasa algo parecido. El dueño huyó hace tiempo de ellas y yo me convertí en yonki. Ahora les he cogido asco. Tanto que las he dejado de golpe y amigo, el mono del tabaco es un juego de críos al lado de esto.


Soy un extremista y no me concedo mucho más que blanco o negro, de ahí el hacer el gilipollas de esa manera y cortar con todo de un día para otro. Estoy cansado de estar todo el día deambulando, de tener menos memoria que Dori, la de Nemo, de los protectores de estómago y de los efectos secundarios, terciarios descritos o por describir.

Tener el mono es una mierda. Es una puta mierda. Es parecido a estar enfermo de muchas cosas y de nada al mismo tiempo, es complicado.

Sobrellevarlo no es tan duro como lo cuento. Llevo muchos años con insomnio y vivir así, siendo un noctámbulo, cambia el modo en el que el cuerpo regula su química, así que muchas reacciones no me son del todo desconocidas.


Como te cuento, esto es una mierda, seguro que conoces a alguien que pase por algo parecido, pero merece la pena. ¿O no?


La verdad es que un combinado de Diazepam y Tetrazepam te hace flotar un rato. Al principio es hasta agradable, tanto que realmente llegas a creer que es bueno.

Joder, lo echo de menos.

Con la Fluvoxamina y el Litio no es tan bueno, pero pasado el mal rato, también se echa de menos.


La verdad es que hasta esta misma tarde se me pasaba por la cabeza, al menos una vez al día, una pastillita o dos, sólo eso y ya está. He tenido las cajas en las manos durante largo rato, en calzoncillos, de madrugada y solo en la cocina de casa. Hubiera sido más fácil.


Pero siempre hay un punto de inflexión que, en el caso de mi aburrida historia, vino de la mano de quien no miente (no era un borracho).

Esta tarde, antes de recoger y fregar estaba jugando con mis hijos en la cama a comérmelos, claro (les chifla), y en un descanso, después de la risa, mi hija me ha dicho: “papa, porqué ya no estás enfadado siempre, ¿ahora nos quieres más?”


Con 5 años, lo poco que la veo y en sólo a penas un par de meses la cría se ha dado cuenta de que ahora, pese al mono, soy más persona.

Ella nació cuando el dueño del garito hacía tiempo que se había ido y ella es la esperanza que tengo de volver a verlo algún día.


Mi hija ha visto que una vez fui el dueño y me ha convencido que puedo volver a serlo.


Es mi quinta lección de vida. Un gran viejo que conocí me dijo una vez que las personas sólo deberíamos tener dos lecciones de vida: una para rectificar y otra para aprender. Yo llevo ya cinco, pero no me preguntes cuales. Las otras cuatro son personales.


Así que decidido ya que un mono no va a ser más animal que yo, vamos a dar paso a dos clásicos.

Hoy he empezado un tratamiento homeopático (clásico 1: medicina milenaria). Es todo natural, las bolas saben a caramelo (aunque el extracto de amapola está malo...) y es fácil. No hay reacciones adversas ni dolores de nada. Chupado.


Además, he desenpolvado los escritos y libros del dueño (clásico 2: lecturas y manuscritos de un superdotado echado a perder) y el Lunes voy a empezar a cuidar mi cuerpo.


Tengo la esperanza de poder dejar el local bien limpio, arreglar las goteras, los desconchones, las luces fundidas...


Seguro que cuando el dueño vuelva entra contento en su sitio, del que no debió marchar.


Seguro que a mi hija le encantará vivir con el dueño y olvidar al jefe.


Hoy ha sido un buen día.


lunes, 14 de junio de 2010

Nirvana

Entre tantos achaques, tonterías me dicen algunos, me cuesta encontrar el rastro del dueño la mayoría de veces.
No sé por donde buscar. Ya no recuerdo qué lugares visitábamos para estar solos ni qué charlas teníamos. Tan sólo lo añoro, creo, porque hace ya tantos años que no estamos juntos de verdad que ya no sé si realmente el dueño y yo éramos tan distintos.

Pero hoy ha pasado. He salido a correr, como hacía antes a menudo. Me he puesto en marcha ronda arriba y cuando apenas llevaba un quilómetro me he dado cuenta que no estaba sólo.

Siempre me ha gustado correr. Correr me deja la mente en blanco. No pienso en nada, En nada.
Mi mente, mi cuerpo y mi alma van en piloto automático y actúan por reflejo instinto mientras yo dejo de ser.

Para alguien que existe pendiente de tantas cosas, con tantas peculiaridades y capaz de estar hablando con alguien y seguir tres conversaciones más a la vez, para alguien que no es capaz de controlar ni filtrar la información o la cantidad de ella que recibe, el pasar un rato ausente de sí mismo es la libertad. Es un lujo.

Se suma además que en el justo momento en que me voy de mi cuerpo para dejar paso al vacío, el dueño me viene a ver, se une a esa danza al trote y me acompaña de la mano mientras veo como mi cuerpo rechoncho trota sin vacilar.

Correr deja mi mente en blanco el tiempo suficiente para cargarme las pilas al 100%.

Lo malo es que estoy gordo y mis rodillas no están de acuerdo en que mi mente se libere de tamaño peso mientras ellas cargan con tesón con más de 100 quilos trotando una hora.
Además, ahora mismo me duelen tanto que estoy haciéndome el duro para que el ordenador no me vea llorar en plan nenaza...

Es una pena que tanta chicha me prive de ver al dueño, pero es la desdicha la que me hace estar así y me quita volver a sentirme uno sólo.

Mañana intentaré correr de nuevo, tengo ganas de ver al dueño del local.

sábado, 12 de junio de 2010

Sobre mi 001

Tuve que ser yo quien molestara al susceptible Morfeo.


24 horas de guardia, 24 horas de servicio. Fue lo suficiente para que el dueño me hiciera jefe. Tuve el tiempo justo para tomar las riendas del negocio y echarlo a perder.


Y es curioso que , cuanto más pienso en ello, más me doy cuenta de lo mucho que el dueño peleó por no dejarme tomar el timón. Pero ya lo dijo la tortuga milenaria, “uno siempre encuentra su destino en el camino que toma para evitarlo”.


Así que, como te digo, todo lo que el dueño hizo para intentar retenerme, a mi, su mejor amigo, que llevo con él todo este tiempo, fue un fútil esfuerzo que resultó en la forma más rápida de darme la ilusión de controlar el negocio.


Estoy aquí sentado, contándote esto y sigo pensando que todo pasó por casualidad, que un accidente hizo que el dueño me dejara ser el jefe. No sé, la química del insomnio, el fallo neuronal de mis trastornos, algún medicamento mal recetado... Pero, pese a no creer en el destino, no dejo de pensar de nuevo en la vieja tortuga y creerme eso de que los accidentes no existen.


Estoy aquí por algo y cuando cumpla lo que sea que he venido a hacer, puede que el dueño y yo dejemos de pelear y seamos de nuevo uno mismo.


Mientras tanto sigo buscando una solución. Sea como sea, le quiero.