martes, 22 de junio de 2010

De loco a loco

Esta semana he conocido a una persona, más bien a un ser, interesante. Quizá uno de los más interesantes que he conocido.

Es un tío que ha está mucho más jodido que yo (ególatra de mi, que no creía eso posible). Ha estado tantas veces allí como las que no ha querido quedarse, que han sido bastantes y alguna bastante larga, de ahí sus problemas de habla.

Esta semana he conocido a un loco que casi consigue matarse unas cuantas veces. Un loco que daba clases en Madrid a estudiantes de arte y ahora de clases de ayuda a majaras sin aspiraciones.

No obstante, no te dejes engañar por la cara fea del tío, es un visionario y lleva mucha vida encima (pese a lo paradójico que resulte que ya haya muerto alguna vez...).


Le estuve hablando de mi, le hablé del dueño y le hablé de mi condición de jefe.

Él escuchó con atención y luego me dio la única contestación que no esperaba, lo único que yo, siendo taaaan listo como soy, no había tenido en cuenta.


En resumen, me hizo una pregunta: ¿porqué quieres que vuelva el dueño?


No tengo respuesta.


Su solución es bien simple: compra tu el local por cara que sea la hipoteca y que le den por culo al dueño.


No tengo palabras.


Su argumentación es sólida y bajo sus palabras es irrefutable: llevo tanto tiempo recordando al dueño que lo he idealizado y no era más que una persona que marchó para dar paso a otra, como todo en esta vida. Es como cuando vas a un lugar maravilloso en tus recuerdos y lo encuentras decepcionante, siendo igual que entonces.


Voy a arreglar el local y voy a adecentar el sitio, sí, pero me lo voy a quedar yo y le van a dar al dueño.


Ahora sólo tengo que quererme y que gustarme.


No apto para la vida como persona

Ayer tuve visita con la doctora de la cabeza. La que da las drogas, no la que intenta leerla.

Le conté que lo he dejado todo de golpe y no le gustó.
Primero simplemente no me creyó: el síndrome de abstinencia es demasiado fuerte para cortar de raíz... Palabrería, pero tuve que convencerla que no tenía porqué mentirle. Coño, que le estaba diciendo que no quería más drogas, que no le pedía nada más fuerte!
Luego se enfadó por haberlo dejado. Eso no se hace así. Claro, ella es doctora. Psiquiatra. Ha estudiado un montón de años y otro montón ejerciendo.
Y finalmente repaso a mi historial y advertencias (aunque yo las llamaría pseudoamenazas) de que no atendería recaídas... Me explicaba los efectos adversos de dejar de drogarme al tiempo que yo terminaba sus frases y retórica e intentaba convencerme de manera fútil y grandilocuente mi mayúsculo error.

Vale, lo pillo. Se trata de una profesional, seguramente vocacional, con mucha experiencia y que sabe y ha visto mucho, mucha gente como yo, pero, siendo así, ¿no merezco la opción de errar?

Por más que intenté explicarle que sólo quiero ser persona, o sólo ser, la tía cabezona no atendía a razones. Coño, por lo menos que intente convencerme!

Nada. Al final, lo dicho, un repaso a mi historial y dos apuntes que la hirieron: mis enfermedades no me incapacitan mentalmente para tomar cualquier tipo de decisión y un rotundo SOY MÁS LISTO QUE TÚ (con sorna haciendo referencia a un número).

Ahora, en mi historial médico, la última frase es graciosa (parafraseo):
"... el paciente hace caso omiso de su psiquiatra y se niega al consumo de la medicación para las patologías crónicas que sufre..." Como el que hace firmar un papel para eximir de la responsabilidad de un accidente laboral.




miércoles, 16 de junio de 2010

Soy la mirada confiada del que deja pasar a cualquiera en casa.

Soy el libro viejo aprendido, el que nunca encuentras.

Soy el principio de mi, un ocho de lado.

Soy el que nunca besa, por la vergüenza de la ofensa.

Soy dos ojos tristes azules, soy un corazón gigante.

Soy el hombre de fresa con nata, vainilla y menta.

Soy ese en el que confías del todo, hasta tu vida, porque sabes que en el fondo todas me valen más que la mía, que no me quiero, no tanto como debiera.

Soy el borde, el estúpido, el irreverente, el que se enemista por sincero.

Soy ese que confunde, ese que nunca habla en serio pero coño, como las clava entre broma y broma.

Soy aquel que tiene sólo dos amigos.

Soy dos amigos que matarían por mi, así los quiero.

Soy mi hija, soy mi hijo, soy mi otro hijo y soy mi mujer.

Soy mi familia, mi madre y mi padre, mi hermana, mi rubia y mi morena que hace las veces de hermana recién nacida.

Soy, ya te lo dije hace tiempo, el que le gusta estar solo pero que solo no vale nada.


Soy el jefe buscando dejarlo.

Soy un desesperado de esta mala vida.

Soy un jodido tarado consciente, enfermo, médico, tonto, listo y paciente.


Soy el que busca en una caja vacía porque sé que está ahí esperando a que pueda verlo.


Sólo soy.

Punto y aparte

Una de las muchas cosas que tenemos en común el dueño y yo es la aversión, pánico, fobia.., a las agujas. Exactamente a las agujas de las jeringuillas.

Yo me he desmayado en la cola para una analítica y el dueño me contó que una vez quiso donar sangre y el enfermero del autobús estuvo apunto de llevárselo a urgencias de lo malo que se puso... Hombres fuertes y rudos, nosotros los gañanes...


Con las drogas, las que recetan los de la bata, pasa algo parecido. El dueño huyó hace tiempo de ellas y yo me convertí en yonki. Ahora les he cogido asco. Tanto que las he dejado de golpe y amigo, el mono del tabaco es un juego de críos al lado de esto.


Soy un extremista y no me concedo mucho más que blanco o negro, de ahí el hacer el gilipollas de esa manera y cortar con todo de un día para otro. Estoy cansado de estar todo el día deambulando, de tener menos memoria que Dori, la de Nemo, de los protectores de estómago y de los efectos secundarios, terciarios descritos o por describir.

Tener el mono es una mierda. Es una puta mierda. Es parecido a estar enfermo de muchas cosas y de nada al mismo tiempo, es complicado.

Sobrellevarlo no es tan duro como lo cuento. Llevo muchos años con insomnio y vivir así, siendo un noctámbulo, cambia el modo en el que el cuerpo regula su química, así que muchas reacciones no me son del todo desconocidas.


Como te cuento, esto es una mierda, seguro que conoces a alguien que pase por algo parecido, pero merece la pena. ¿O no?


La verdad es que un combinado de Diazepam y Tetrazepam te hace flotar un rato. Al principio es hasta agradable, tanto que realmente llegas a creer que es bueno.

Joder, lo echo de menos.

Con la Fluvoxamina y el Litio no es tan bueno, pero pasado el mal rato, también se echa de menos.


La verdad es que hasta esta misma tarde se me pasaba por la cabeza, al menos una vez al día, una pastillita o dos, sólo eso y ya está. He tenido las cajas en las manos durante largo rato, en calzoncillos, de madrugada y solo en la cocina de casa. Hubiera sido más fácil.


Pero siempre hay un punto de inflexión que, en el caso de mi aburrida historia, vino de la mano de quien no miente (no era un borracho).

Esta tarde, antes de recoger y fregar estaba jugando con mis hijos en la cama a comérmelos, claro (les chifla), y en un descanso, después de la risa, mi hija me ha dicho: “papa, porqué ya no estás enfadado siempre, ¿ahora nos quieres más?”


Con 5 años, lo poco que la veo y en sólo a penas un par de meses la cría se ha dado cuenta de que ahora, pese al mono, soy más persona.

Ella nació cuando el dueño del garito hacía tiempo que se había ido y ella es la esperanza que tengo de volver a verlo algún día.


Mi hija ha visto que una vez fui el dueño y me ha convencido que puedo volver a serlo.


Es mi quinta lección de vida. Un gran viejo que conocí me dijo una vez que las personas sólo deberíamos tener dos lecciones de vida: una para rectificar y otra para aprender. Yo llevo ya cinco, pero no me preguntes cuales. Las otras cuatro son personales.


Así que decidido ya que un mono no va a ser más animal que yo, vamos a dar paso a dos clásicos.

Hoy he empezado un tratamiento homeopático (clásico 1: medicina milenaria). Es todo natural, las bolas saben a caramelo (aunque el extracto de amapola está malo...) y es fácil. No hay reacciones adversas ni dolores de nada. Chupado.


Además, he desenpolvado los escritos y libros del dueño (clásico 2: lecturas y manuscritos de un superdotado echado a perder) y el Lunes voy a empezar a cuidar mi cuerpo.


Tengo la esperanza de poder dejar el local bien limpio, arreglar las goteras, los desconchones, las luces fundidas...


Seguro que cuando el dueño vuelva entra contento en su sitio, del que no debió marchar.


Seguro que a mi hija le encantará vivir con el dueño y olvidar al jefe.


Hoy ha sido un buen día.


lunes, 14 de junio de 2010

Nirvana

Entre tantos achaques, tonterías me dicen algunos, me cuesta encontrar el rastro del dueño la mayoría de veces.
No sé por donde buscar. Ya no recuerdo qué lugares visitábamos para estar solos ni qué charlas teníamos. Tan sólo lo añoro, creo, porque hace ya tantos años que no estamos juntos de verdad que ya no sé si realmente el dueño y yo éramos tan distintos.

Pero hoy ha pasado. He salido a correr, como hacía antes a menudo. Me he puesto en marcha ronda arriba y cuando apenas llevaba un quilómetro me he dado cuenta que no estaba sólo.

Siempre me ha gustado correr. Correr me deja la mente en blanco. No pienso en nada, En nada.
Mi mente, mi cuerpo y mi alma van en piloto automático y actúan por reflejo instinto mientras yo dejo de ser.

Para alguien que existe pendiente de tantas cosas, con tantas peculiaridades y capaz de estar hablando con alguien y seguir tres conversaciones más a la vez, para alguien que no es capaz de controlar ni filtrar la información o la cantidad de ella que recibe, el pasar un rato ausente de sí mismo es la libertad. Es un lujo.

Se suma además que en el justo momento en que me voy de mi cuerpo para dejar paso al vacío, el dueño me viene a ver, se une a esa danza al trote y me acompaña de la mano mientras veo como mi cuerpo rechoncho trota sin vacilar.

Correr deja mi mente en blanco el tiempo suficiente para cargarme las pilas al 100%.

Lo malo es que estoy gordo y mis rodillas no están de acuerdo en que mi mente se libere de tamaño peso mientras ellas cargan con tesón con más de 100 quilos trotando una hora.
Además, ahora mismo me duelen tanto que estoy haciéndome el duro para que el ordenador no me vea llorar en plan nenaza...

Es una pena que tanta chicha me prive de ver al dueño, pero es la desdicha la que me hace estar así y me quita volver a sentirme uno sólo.

Mañana intentaré correr de nuevo, tengo ganas de ver al dueño del local.

sábado, 12 de junio de 2010

Sobre mi 001

Tuve que ser yo quien molestara al susceptible Morfeo.


24 horas de guardia, 24 horas de servicio. Fue lo suficiente para que el dueño me hiciera jefe. Tuve el tiempo justo para tomar las riendas del negocio y echarlo a perder.


Y es curioso que , cuanto más pienso en ello, más me doy cuenta de lo mucho que el dueño peleó por no dejarme tomar el timón. Pero ya lo dijo la tortuga milenaria, “uno siempre encuentra su destino en el camino que toma para evitarlo”.


Así que, como te digo, todo lo que el dueño hizo para intentar retenerme, a mi, su mejor amigo, que llevo con él todo este tiempo, fue un fútil esfuerzo que resultó en la forma más rápida de darme la ilusión de controlar el negocio.


Estoy aquí sentado, contándote esto y sigo pensando que todo pasó por casualidad, que un accidente hizo que el dueño me dejara ser el jefe. No sé, la química del insomnio, el fallo neuronal de mis trastornos, algún medicamento mal recetado... Pero, pese a no creer en el destino, no dejo de pensar de nuevo en la vieja tortuga y creerme eso de que los accidentes no existen.


Estoy aquí por algo y cuando cumpla lo que sea que he venido a hacer, puede que el dueño y yo dejemos de pelear y seamos de nuevo uno mismo.


Mientras tanto sigo buscando una solución. Sea como sea, le quiero.




viernes, 11 de junio de 2010

1+1= YO

Te contaría hoy lo diferente que soy del dueño, en esto de la tolerancia (para con las personas, quiero decir), pero seguramente me extendería demasiado.

Antes éramos casi iguales, aguantábamos con estoicismo a cualquiera siempre de manera educada, eso sí, hasta un límite, el del honor.

Lamentablemente, para mi el honor ha quedado tras la psicosis del subconsciente. A diferencia del dueño del sitio, ya no aguanto que nadie se pase. No sólo conmigo, sino en general. Soy incapaz de callarme ante algo que considero mal hecho, injusto, amoral...

Es más, en ocasiones desaparezco, me desvanezco para volver habiendo hecho algo, a priori, irreparable.
Hace un par de meses me intentaron atracar tres tipos jóvenes, uno delante, uno detrás y otro por el lado. El de detrás me agarró de la mochila mientras el de delante me iba a coger de la camiseta, pero antes de que lo hiciera desaparecí.
Cuando volví a este plano existencial estaban los tres en el suelo. Uno de ellos chorreaba sangre por la nariz. No sé si era el delantero, el lateral o el trasero.
Sin cargo de conciencia alguno, me querían robar y se supone que me defendí. Puta casualidad que justo a unos metros había una pareja de Mossos y vieron como mi cuerpo se defendía. Ahora estoy pendiente de una multa con cargos por agresión, y debo agradecer que mis asaltantes fueran "sin papeles".

A veces me descontrolo, y el hecho de vestir esa pérdida de control con algo de justicia no hace que el dueño quiera volver a ser mi amigo. Al menos antes no le gustaba la gente sin control.

Me llena la pena por ello.

miércoles, 9 de junio de 2010

Manías 002

He llegado a vomitar porque a mi novia, hace tiempo ya de eso, le hacía gracia ofrecerme su refresco de 750ml habiéndole dado dos sobos.
Claro, después de cuatro hamburguesas, otro refresco igual y patatas y demás guarradas, cuando estás harto de verdad van y te obligan a meterte tres cuartos de litro más porque hace gracia.

Es como la puta costumbre que tenemos en este país de pandereta de reírnos del que intenta dejar de fumar echándole el humo a la cara. Hay que ser un poco cabrón.

Hay tres cosas que me joden un vaso de lo que sea que lleve dentro:

-La primera es que alguien beba antes que yo. No vuelvo a tocar el vaso y tiro lo que tenga, ya sea un Vega Sicilia.
-La segunda es que no tengo medias tintas, cuando mi mano levanta el vaso de la mesa es para vaciarlo en mi estómago. A mi mano, a mi boca y a mi garganta les da igual que el vaso sea de 200 o de 750ml. Cuando mi mano levanta el vaso sabe que va a devolverlo a la mesa vacío.
-La tercera es que no puedo ver como mi gente me enseña que deja un vaso lleno y me recalca lo lleno que está. Obliga a mi mano a coger el vaso y ya te he dicho que hace mi mano cada vez que levanta un vaso lleno.

Lo jodido que que también hay tres cosas que alegran un vaso de lo que sea que lleve dentro:

-La primera es ser el primero y único en beberlo. Romper la virginidad del contenido recién vertido es un placer.
-La segunda es la sensación de plenitud y satisfacción que me produce acabar con todo lo que hay en el vaso, aunque suponga vomitar tras la ingesta. Es in placer difícil de describir, casi tan bueno como el ruido del vaso vacío cuando mi mano lo devuelve a la mesa, con un golpe seco y ligeramente sonoro.
-La tercera es que aunque reviente, que alguien me incite a acabar otro vaso más supone que por breve que sea va a haber otro instante de inmenso placer. Sólo un instante, pero merece la pena.

Beber, para mi, es un placer amargo. He cogido borracheras por beber sangría de la jarra, sin quererlo. He tenido vomiteras tremendas porque he llenado tanto el estómago que he rebosado, como cuando llenas demasiado el depósito del coche.

Siempre, siempre, no obstante, ha merecido la pena por ese pequeño momento pleno.

Puede que por eso el dueño del local hace ya tiempo que no come conmigo, a lo mejor le da algo de vergüenza.

Manías 001

La Tierra tiene forma esférica y una esfera, por definición, es perfecta. No entiendo en qué cojones se basa toda la parafernalia del modelo urbano actual.

Lejos de buscar la belleza práctica en lo que seguro atisbó Gaudí, nos vamos a lo plano, lo angulado, lo estricto y lo realmente feo.

Pero no nos quedamos ahí. Damos un paso más y encima llenamos de rectas que delimitan lo que en su creación ya está mal hecho y la restauración de esa demente forma de construir se basa en parches peor pensados que la concepción primera.

La esfera es perfecta y seguimos andando sobre plano sin pensar en ello.

Me pregunto qué mecanismo hace que odie las rectas, las rayas en el asfalto, los parches en las aceras y las formas rotas de las losas.
Por más que lo pienso no sé porqué el resto del mundo puede ir tan tranquilo por ahí pisando cualquier cosa y yo no soy capaz de cruzar un paso peatonal pisando medios mundos. Lo mío es blanco o negro, mientras la mujer del dueño del local, que ahora es amiga mía, se ríe de mi forma de andar por la vida.

martes, 8 de junio de 2010

Un tipo duro

Ahora que nadie escucha, te cuento lo que ha hecho el dueño.

Es un yonki. De receta, vale, pero no deja de ser un adicto.

Cuatro años seguidos sin faltar casi ningún día. Cada día más atontado y cada vez con dosis más altas. Tanto que se empezaba a desdibujar su persona. Así que con ese pretexto como excusa y sin consultar a su camello del ambulatorio, un Jueves cualquiera de hace más de tres meses dejó de tomar nada.

No se lo ha dicho a nadie, aunque su mujer lo ha notado. Tres meses casi limpio. Sí, casi, porque lleva tres fines de semana que cae algo el Sábado. Dice que es sólo para acallar los males del cuerpo y yo le creo. Le conozco bien y sé que es verdad.

Lo sigue pasando realmente mal. El Fortasec se ha hecho su amigo casi tanto como el Primperan, cosas del mono. Aún después de tres meses sigue pasándolo mal.
Estos días veo cómo abre y cierra las manos porque se le duermen. Pero ya no sé si es por el mono o porque el cuerpo no le aguanta el no dormir.

Aún así está contento, porque su hija grande también le ha notado que ya no se droga. "Ya no estás enfadado siempre", le dijo hace más de un mes. Se tiró un rato llorando. Además, lo de su hija ratifica el pretexto de que las drogas le hacen ser menos persona.

Pero yo le conozco desde siempre, le conozco como me conozco a mi.

Es un tío duro, a la par que idiota, y creo que el motivo principal que le hizo dejar el consumo fue que le dijeron que no podría ganar ni al mono ni al motivo de consumir. El reto le pudo más que cualquier otro motivo.

Hay que ser idiota.

Aún así, ahí está. Con un mono de tres pares de cojones, pasando días y días sin dormir y sacando uñas.

Está mal que lo diga yo, que tanto le conozco, pero aunque llore y se desmaye con las hipodérmicas, es un tío duro, duro de los de verdad.

Me pregunto si algún día volverá a hacerse cargo.

El jefe del local

Otro blog que empiezo.

No valgo para estas cosas porque no tengo la constancia ni para hacer una entrada al mes, pero como estoy de capa caída, esto es gratis y tampoco le va a importar a nadie que moleste por aquí...

No está el dueño del sitio. Marchó a finales del 95 (no se me permite decir la fecha exacta) y me dejó de encargado del garito.

Así que llevo ya casi 15 años pensando que esto es mío. Pero el muy cabrón no parece que vaya a volver y no quiero tener que seguir con esto toda la vida. A ver qué coño hago!

Por lo que me han contado ya apuntaba maneras desde crío y debía haberlo visto venir, porque crecimos juntos, pero se fue, me dejó al cargo del asunto y esto cada vez está peor.

De momento, si no vuelve ni cambia nada, estoy aquí mismo.

Soy el jefe del local, pero sólo eso, un jefe.