martes, 8 de junio de 2010

Un tipo duro

Ahora que nadie escucha, te cuento lo que ha hecho el dueño.

Es un yonki. De receta, vale, pero no deja de ser un adicto.

Cuatro años seguidos sin faltar casi ningún día. Cada día más atontado y cada vez con dosis más altas. Tanto que se empezaba a desdibujar su persona. Así que con ese pretexto como excusa y sin consultar a su camello del ambulatorio, un Jueves cualquiera de hace más de tres meses dejó de tomar nada.

No se lo ha dicho a nadie, aunque su mujer lo ha notado. Tres meses casi limpio. Sí, casi, porque lleva tres fines de semana que cae algo el Sábado. Dice que es sólo para acallar los males del cuerpo y yo le creo. Le conozco bien y sé que es verdad.

Lo sigue pasando realmente mal. El Fortasec se ha hecho su amigo casi tanto como el Primperan, cosas del mono. Aún después de tres meses sigue pasándolo mal.
Estos días veo cómo abre y cierra las manos porque se le duermen. Pero ya no sé si es por el mono o porque el cuerpo no le aguanta el no dormir.

Aún así está contento, porque su hija grande también le ha notado que ya no se droga. "Ya no estás enfadado siempre", le dijo hace más de un mes. Se tiró un rato llorando. Además, lo de su hija ratifica el pretexto de que las drogas le hacen ser menos persona.

Pero yo le conozco desde siempre, le conozco como me conozco a mi.

Es un tío duro, a la par que idiota, y creo que el motivo principal que le hizo dejar el consumo fue que le dijeron que no podría ganar ni al mono ni al motivo de consumir. El reto le pudo más que cualquier otro motivo.

Hay que ser idiota.

Aún así, ahí está. Con un mono de tres pares de cojones, pasando días y días sin dormir y sacando uñas.

Está mal que lo diga yo, que tanto le conozco, pero aunque llore y se desmaye con las hipodérmicas, es un tío duro, duro de los de verdad.

Me pregunto si algún día volverá a hacerse cargo.

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